Nunca me llamaron la atención las guías de viaje. Siempre tuve esa idea tan bohemia de que era mucho mejor descubrir las cosas por uno mismo y cuanto menos, de primera mano de alguien que ya conoce el lugar. Supongo que la idea es en sí estúpida. He descubierto que existen infinidad de guías, cada una con un estilo propio, y ninguna de ellas te obliga a seguirla al pie de la letra.
De cualquier forma, sólo recuerdo haber hecho un viaje con la guía bajo el brazo. Fue una situación especial, primero por el propio concepto del viaje, que hacía conveniente armarse de una “guía”; y segundo porque la guía en sí era un regalo especial que no podía dejarme atrás.
Este año han sido muchos lugares nuevos conocidos -sin guía- y pecando de vanidoso, quería dejar alguna recomendación de cada uno de esos sitios, para aquellos idealistas bohemios que piensan que no hay forma mejor de viajar que dejarse llevar, perderse y encontrar (se).
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